
Puerta de Madrid. Foto A. García-guiarte.Copyright
ÉPOCA
Aunque cualquier época del año es buena para disfrutar de Alcalá, la mejor es, sin duda, primavera. No está mal el otoño. Los rigores del verano e invierno son notables, y el viajero ha de contar con ellos.
De cualquier forma, un fin de semana es, en principio, suficiente para un primer contacto. El gusto por lo visto dirá el resto. Quizá el alargamiento, por qué no el retorno. Esta idea es uno de los eternos dilemas de quien viaja y siente.
RECOMENDABLE
Dado que el eje de interés se hace mejor a pie, es conveniente utilizar calzado cómodo. La ropa, adecuada a la estación elegida. Ha de tener en cuenta que, aun no siendo generalizado, los lunes son días de descanso para muchos museos y monumentos. Y que los horarios varían según la época.
Hay un interesante programa de visitas guiadas, de las que le informarán en la Oficina Municipal de Turismo (Callejón de Santa María, s/n. Teléfono: 91 889 26 94), donde le facilitarán igualmente, si lo desean, planos y folletos de la ciudad, muy útiles.
CÓMO LLEGAR
A 30 kilómetros de Madrid y 25 de Guadalajara, por la N-II. El aeropuerto de Barajas está a 20 km por la misma carretera. Con el título de ciudad concedido por Carlos II en 1687, Alcalá de Henares pertenece a la Comunidad de Madrid, con cuya capital tiene buenas y rápidas comunicaciones: trenes cada 5/10 minutos y autobuses cada 15. Alcalá es cabeza de partido judicial y sede episcopal desde 1991.
Desde Alcalá puede acercarse a Loeches (15 km) y Nuevo Baztán (21 km), interesantes ambos y curiosos.
GASTRONOMÍA
Alcalá de Henares se distingue por una gastronomía variopinta y universal -puede comprobarlo siguiendo la Ruta de los Mesones-, aunque sea la castellana la que mejor la defina: la sopa castellana como primero -si le ofrecen berenjenas rellenas de rape y gambas, no lo piense; tampoco las migas- y el lechazo en cualquiera de sus variantes justifican una agradable sesión gastronómica. Ocurre lo mismo con el cocido en puchero de barro. El fuerte característico y propio, sin embargo, son los postres: las rosquillas de Alcalá y, sobre todo, la costrada (un pastel que asemeja un milhojas), no pueden ser nunca olvido de esta cita.
Antaño fue muy considerada la huerta alcalaína. Complutum es lugar entre ríos. La idea de tal fertilidad, unida al hecho de ser lugar de paso, hicieron de éste un espacio siempre apetecido.
BIBLIOGRAFÍA
Además de las guías específicas, de menor circulación, es verdad, cualquiera de Madrid puede resultar válida. De plena garantía es la editada por Anaya sobre Madrid y su entorno. Como queda dicho, tanto folletos como planos conseguidos en la Oficina de Turismo son de gran utilidad.
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