
Con la reflexión enredada en tantos edificios notables como se suceden, estamos en la Plaza de los Santos Niños, donde se alza la Iglesia Magistral Catedral de los Santos Justo y Pastor -comparten patronazgo de la ciudad con la Virgen del Val, con fiestas, respectivamente, a principios de agosto y finales de septiembre-, en el lugar en que se supone fueron degollados los niños y en torno al cual se desarrolló el núcleo urbano.
Con interior gótico de tres naves, conserva en la cripta las reliquias de los niños santos, tiene un destacado retablo mayor plateresco y algunos sepulcros, como el de Gregorio Fernández.
Prácticamente frente a la plaza, la conocida como Casa de la Entrevista, en la que los Reyes Católicos recibieron a Colón antes de su viaje a América. Entramos, sin embargo, en la Calle Mayor, que vertebra en buena medida la vida de la ciudad.
El sabor de los soportales -herencia comercial judía- y la peatonalización hacen de esta calle sabrosa imagen viva. Y, además, cita obligada. Porque aquí está la Casa Natal de Cervantes, de dos plantas, de la que se mantiene el patio, el tiro de la escalera y una pared original. El resto, recientemente restaurado, se ha convertido en una excelente muestra de mobiliario de la época y de referencias bibliográficas del Príncipe de las Letras.
Al lado, el Hospital de Nª Sª de la Misericordia, fundación particular de Antezana en 1483, aún con actividad. Distribuido como un teatro, en él trabajó de médico el padre de Cervantes. Y en la cocina, para pagarse los estudios en la universidad, Ignacio de Loyola.
También en esta calle el corral de la Sinagoga, donde se hallaba uno de los dos templos que los judíos poseían en la ciudad.
Un giro a la izquierda por la calle de Cervantes -en la esquina el Salón-teatro que también lleva su nombre- le conduce a la Calle de Santiago, nombre que no sin cierto ironía, o mala intención, fue dado por Cisneros al eje de la vida musulmana.
Siguiendo hacia su izquierda por ella, desemboca en la Plaza del Palacio. Está frente a uno de los rincones más hermosos de la ciudad. Por una parte, el Palacio Arzobispal, señores que fueron de Alcalá hasta el siglo XIX, explicación de tanta magnificencia.

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