
Por aquí estaba Sisapo, ciudad cuyo nombre celta significaba cueva que contiene metales. Ya Teofrasto, discípulo de Aristóteles, afirmó la alta estima del cinabrio que procedía de la Península Ibérica. Los romanos explotaron las minas del territorio para obtener el cinabrio(sulfuro de mercurio) de color rojo bermellón, que se utilizaba para pintar y teñir.
Los árabes también se dedicaron aquí a la minería durante los siglos VIII al XIII, cuando esta comarca volvió a poder de los cristianos. Hay muchos nombres árabes en los pueblos de la zona: Abenójar, Almadén, Almadenes, Guadalmez, etc. Y también hay muchos términos vinculados a la minería que deben su raíz al árabe: aludel, azogue, alambique, alarife, etc.
Se dice que ya en aquellos tiempos descendían los obreros varios centenares de metros en busca del preciado mineral, del que se obtenía el azogue –mercurio- y excelentes tintes. El primero era sumamente apreciado por los alquimistas y médicos para preparados medicinales, los segundos tenían fines de ornato.
En el siglo XIII, cuando se reconquistó Almadén por las tropas cristianas, la mina fue entregada a la Orden de Calatrava, que arrendó su explotación a particulares (catalanes, genoveses, etc.) Pero en 1523 retornó la administración de los bienes de las Órdenes a la Corona.
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