
Hoy, la bella puerta neoclásica de la gran mina nos evoca la salida de los cargamentos de azogue que, a través de Sierra Morena, acababan en la llanura del Guadalquivir, en Sevilla, desde cuyo puerto se embarcabas en dirección a América.
Era tal la importancia de este flujo que se llegaron a construir barcos especiales para el transporte del mercurio, como el Tolosa, de 1.500 toneladas, o el Guadalupe de 1.000 toneladas.
El siglo XVIII fue fatal. Mermó la producción minera por agotamiento de algunos filones y hubo que buscar otros nuevos. Para más desgracia, un incendio legendario destruyó las explotaciones, murieron numerosos trabajadores y cesó la extracción durante dos años. La bellísima plaza de toros de Almadén es una construcción que nos recuerda aquella tragedia. Fue construida a partir de 1755, para dar trabajo a los mineros inactivos.
Pero tras una época mala retornó la producción. En tiempos del rey Carlos III, se remozó la gran mina y se introdujeron mejoras técnicas. Para ello, se creó una Escuela de Minas(1977) y se trajeron especialistas de la escuela alemana de Freiburg. El fin del siglo y los inicios del siguiente fueron de gran desarrollo.
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