
Una torrecilla-campanario, con un humilde reloj, corona el muñón de los restos del castillo, en cuya base se ve la roca, con vetas del rojo bermellón característico del cinabrio.
Este castillo era parte de la red de fortificaciones que se extendían por las sierras cercanas, como elemento de vigilancia y defensa en tiempos más turbulentos.
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