
La ciudad está desparramada en torno a un cerro alargado con dirección este-oeste y cuyo extremo occidental está coronado por las ruinas del castillo de Retamar.
No hay monumentos espectaculares. Tal vez lo más original es la plaza de Toros, íntimamente vinculada a la historia de la minería local.
Pero en el lugar se encuentran retazos de historia y sabor minero, en medio de un entorno atractivo pero humilde, y con sabiduría popular en materia culinaria.
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