Su construcción se llevó a cabo a finales del siglo XIX, y en la misma se mezclaron distintos estilos, como el neorrenacentista y el neobarroco. De su fachada podemos decir que encontramos los estilos antes mencionados, y de ella sobresalen dos torres, entre las cuales se enclava un bajorrelieve con Cristo y los cuatro evangelistas, con una estatua de San Nicolás justo encima.
En su interior, de forma de cruz, se combinaron mármoles con granitos dándole un aspecto muy singular por la mezcolanza de colores y tonalidades entre negros, burdeos y marrones. Y destaca sobre el conjunto la gran cúpula, que se puede ver desde los alrededores de la iglesia. Además, posee dos capillas laterales, en las cuales se rinde culto a San José y a la Virgen.
Justo detrás del altar principal, podemos ver la llamativa y colorida corona de Maximiliano de Austria, que este donó en una ocasión en que peregrinó a esta ciudad. Otra cosa que llama la atención son sus ventanales de gran belleza, por su color, formas y luminosidad.
Las iglesias católicas sufrieron la ocupación y el desmantelamiento en tiempos pasados, cuando los protestantes se hicieron con el poder y los católicos se quedaron sin templos donde poder acudir. La iglesia de San Nicolás supuso el final de la intolerancia religiosa en Ámsterdam, cuando los protestantes dejaron de estar en el poder. Hoy es el principal templo católico de Ámsterdam.
La Iglesia de San Nicolás destaca nada más salir de la Estación Central, y su cúpula se ve desde muchos otros puntos de la ciudad. Es una visita muy interesante y bonita, y desde ella podemos acceder al Barrio Rojo, o a la zona marítima.
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