La palloza se construye a veces sobre suelo inclinado. En ese caso, los animales ocupan la parte más baja, para facilitar la salida de orines. En el centro está siempre el hogar, sobre el que pende una cadena en la que se cuelga el puchero.

Cerca de él permanecen unos escaños, a la vez asiento para los moradores y arca para guardar ajuares y pertenencias. Entre el hogar y el techo se colocan unos cañizos entretejidos para secar las castañas o ahumar la matanza. También en la parte superior, sobre la cuadra, se almacena el heno, para alimentar a los animales en las jornadas más frías del invierno.
Como en las viviendas medievales, las pallozas carecen de chimenea. Los humos salen entre las pajas del techo. Tampoco suelen tener ventanas; como máximo algún mínimo ventanuco.
La luz únicamente entra por la puerta, tradicionalmente abierta durante el día, para que a través de la misma salgan las gallinas, libremente, en busca de gusanos, hierbas y semillas.
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