
Al mismo borde del Camino aparecen oteros más o menos artificiales, en los que aún se hallan en el suelo restos de cerámica prerromana, tégulas, piedras de construcciones y moliendas. Son parajes que corresponden a las viejas poblaciones célticas que se extendieron por lo que fue más tarde el viejo reino de León, incluyendo en él tanto a Galicia como el norte de Portugal y aún zonas extremeñas.

Mientras el sur y el este de Hispania fueron pronto lugares de prósperas ciudades comerciales y avanzada civilización, en todo el cuadrante noroeste perduró la cultura céltica, rural, pastoril y bárbara. La caracterizaba el reparto de la población en pequeñas comunidades, los castros, integrados por numerosas viviendas circulares que coronaba un techo de paja cónico.
En los núcleos de mayor tamaño, una pared exterior fortificaba el enclave. También existían calles enlosadas o empedradas, con canalizaciones para el aprovisionamiento de agua.
Cuentaviajes de Hogares de la Edad del Hierro |
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