Hay testimonios de asentamientos celtas antes de que los romanos llegaran a Aquisgrán y explotaran las termas.

Torre del Ayuntamiento, en la Kramerstrasse. Se trata de uno de los restos del viejo palacio imperial. Guiarte Copyright
También hay testimonios de la ocupación franca, tras el hundimiento del imperio romano. Pipino residió aquí, y luego Carlomagno, quien impulsó un renacer cultural de occidente desde esta urbe. Aquí construyó un gran palacio y una suntuosa capilla palatina, y a esta sede imperial se trajeron por él y sus sucesores multitud de obras de arte y reliquias, transformando al lugar en centro de peregrinación.
Era ésta, hasta bien entrado el siglo XVI, la ciudad donde se coronaba al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Entre los coronados aquí, esta Carlos V, en el año 1520.
Las luchas internas religiosas, el gran incendio de la ciudad, en 1656, las guerras entre España y Francia y la toma de la ciudad por las tropas francesas revolucionarias fueron sucesivos desastres para Aquisgrán.
La villa, atacada por el ejército de los Estados Unidos en la segunda guerra mundial, fue conquistada tras seis semanas de destrucción. El 65 por ciento de la urbe quedó destrozada. El 21 de octubre de 1944, tras la lucha, quedaban aquí 11.139 habitantes. Tras el retorno de los huidos y evacuados, poco tiempo después recuperó los 100 000 habitantes. Hoy, afortunadamente, todo es recuerdo y la ciudad ha recuperado esplendor y vocación universalista.
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