En el XVIII, la dinastía borbónica, implantada en España tras la Guerra de Sucesión, engrandeció el lugar; se amplió el palacio, especialmente con la intervención de Sabatini, quien dotó al edificio de dos alas que formaron un gran patio de armas.

Las intervenciones no sólo afectaron al palacio, sino que implicaron la construcción de otro pequeño edificio palaciego, la Real Casa del Labrador, de planta rectangular y con dos alas laterales, donde impera un gusto que mezcla neoclásico con barroco y profusión de elementos decorativos.
En el ámbito de Aranjuez hay que destacar la creación de una ciudad regia, con un urbanismo específico, grandes plazas y magníficos edificios y una estructura radial que hace confluir la vida de la urbe en el entorno de la residencia real.
Sin embargo, un elemento clave de todo el paisaje de Aranjuez es el de los jardines; jardines iniciados en el siglo XVI y que fueron creciendo a medida que se sucedían los monarcas, que trajeron a este lugar árboles de todo su imperio, y los hicieron cuidar por jardineros venidos de Flandes, Francia o sus reinos de Italia.
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