
Este jardín fue creado en 1763 por iniciativa de Carlos IV, cuando aún era príncipe. Es un terreno ajardinado en diversas épocas, donde se pueden apreciar magnificas zonas llenas de belleza y amplias avenidas, maravillosas en otoño, cuando permanecen alfombradas de hojarasca amarilla.
Fuentes como las de Narciso o Apolo, dan espectacularidad a algunos rincones. La de Apolo tiene una espectacular escenografía, que se realza por su situación, al final de una gran avenida recta y umbrosa.
Cerca de la fuente de Apolo, más al este, se halla otro punto especial: el lago Chinesco, con un cenador y un templete originarios de Villanueva (el cenador se reconstruyó tras la invasión napoleónica). Es un espacio sumamente evocador.
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