
En los días en que se hacía el templo, un monje partió con un carro a buscar piedra, pero un oso mató a uno de los animales de la yunta.
Entonces, el monje, de nombre Pedro, unció bajo el mismo yugo al oso y al buey que quedaba vivo, para continuar con el trasiego de la piedra... Y la yunta funcionó, según dice la leyenda.
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