
En la construcción del castro se emplearon materiales de la propia ciudad arrasada. Aún se pueden ver los restos de los muros en diversos puntos del actual Kaiseraugust. Se aprecia en algunos lugares su grosor de 4 metros.
Al pie de estos muros se enterró el Tesoro de Plata que se ve en el Museo Romano, en el transcurso de alguna nueva invasión de alamanes, hacia el año 350.

En el interior del recinto fortificado de Kaiseraugust hubo una iglesia paleocristiana. Se conservan restos. En el siglo IV había un obispado aquí, cuya sede se trasladó a Basilea hacia el siglo VII.
También se aprecian testimonios de unas termas al borde del Rin, que fueron utilizadas ya en el siglo III por las gentes de Augusta y que se rehicieron en el siglo VI, cuando quedaron integradas en el castro.
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