
En menor escala, el desarrollo económico de la zona también queda reflejado en la explotación agrícola de las tierras del valle, situadas generalmente al abrigo de los vientos salinos del Atlántico, en donde podemos observar numerosas plantaciones de maíz, campos de viñedos, y huertos con dimensiones de explotación familiar.
El sector turístico se nutre en su mayor parte del éxodo vacacional y de fines de semana constituido por la población de ciudades grandes como A Coruña, El Ferrol, Vigo, Pontevedra y Santiago y otras poblaciones del interior de Galicia y, en menor medida, del turismo del resto de España y extranjeros en busca de descanso y un clima cálido. Motivada en gran parte por la regularidad de estos moradores ocasionales, se ha desarrollado una oferta gastronómica muy consolidada y de gran calidad.
Despertando nuestra curiosidad por ecos de otro tiempo, estas tierras atlánticas nos sorprenden con la existencia de numerosos monumentos e inscripciones de arte rupestre que parecen encerrar una sólida voluntad de trascender, dotando al entorno natural de una dimensión cultural.
Esta herencia arqueológica, no suficientemente explorada, puede verse ampliada en los próximos años de proseguir el ritmo de prospección y excavación activado en la última década a raíz de las transferencias a la Xunta en materia de Patrimonio.
Asímismo, los conocimientos que nuevos hallazgos pueden aportar en los próximos años, quizá arrojaran luz sobre muchos aspectos de interpretación de esas culturas que todavía se mueven en el terreno de las hipótesis. En algunos casos, la singularidad e importancia de algunas localizaciones y asentamientos humanos (Castro de Baroña, Petroglifos de Porto do Son, Dolmen de Axeitos) ha convertido estos lugares en visita obligada motivada por su interés arqueológico, cultural y artístico, lo que repercute de una forma muy positiva en el entorno económico del área.(http://www.galiciaonline.es/arqueologia.htm)
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