En este lugar había un templo barroco que remozó K. Friedrich Schinkel, pero en el final del XIX fue demolida para hacer el masivo edificio actual, que fue gravemente dañado en la Segunda Guerra Mundial y que no se terminó de restaurar hasta el final del siglo XX.
Su interior está decorado con obras de grandes artistas prusianos, y destacan la magnífica pila bautismal, obra de Christian Daniel Rauch, el mosaico y su altar mayor. En ella descansan los restos de la familia real prusiana.
También destaca el gran órgano, y es una auténtica delicia escuchar los recitales que se ofrecen a diario a las tres de la tarde.
> > Volver a la guía de Berlín