
El río Aare, que proviene del lado de Thun, describe un acusado meandro rodeando a una colina alargada sobre la que se asienta el casco viejo de la capital suiza. La nueva ciudad se ha desparramado en torno al valle, pero el centro tradicional ha tenido la suerte de conservarse con su tradicional estilo.

El viajero que proviene de Basilea o Interlaken, baja por el jardín de la Rosaleda para entrar por el Nideggbrüke.
Es necesario contemplar la ciudad antes de llegar al puente, porque se presenta en toda su belleza. Las iglesias de Nidegg, en primer término, y la catedral, más allá, destacan en el mar ondulado de tejados empinados de color rojizo, alineados en paralelo a la Kramgasse... una vista imprescindible para quien quiera conocer la urbe.
La ciudad es a la vez capital del cantón de Berna. El idioma habitual de sus habitantes es el alemán.
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