27/01/2008 - Essaouira
Bueno, aunque Essaouira no entraba dentro de los planes de la ruta de las mil Kasbahs, después del largo recorrido y tanto desierto, nos quedamos con ganas de un poquito de agua.
Essaouira se ha ganado casi mil y un apodos. “La perla del Atlántico”, “La Bella Durmiente”, “hermosamente trazada” de la palabra árabe Souirah, esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, mantiene el encanto y la autenticidad de una tierra perdida en el tiempo. Aquí es donde termina el Mediterráneo: la última fortificación amurallada en las orillas atlánticas, cuyas casas parecen hermanas de los “pueblos blancos” en Andalucía.
Essaouira se ha convertido en una etapa imprescindible en el viaje a Marruecos. Al explorador aventuroso le va a fascinar la amabilidad hospitalaria de los essaouirenses, que no es de extrañarse, ya que viven, desde hace siglos, en la encrucijada de culturas, civilizaciones y religiones. El esplendor de esta ciudad se remonta a la era de civilización fenicia que ha dejado aquí sus huellas, que prosiguieron también los romanos, los cartagineses, los bereberes, los portugueses y los franceses.
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