23/12/2009 - León
Los días antes de nuestra marcha, estaba planeada para el veintiocho, fueron de total incertidumbre. Teníamos los billetes del tren para Barcelona y no sabíamos si podríamos llegar a la estación, si el tren circularía, etc. Veíamos que el tiempo mejoraba un día y empeoraba el siguiente. Un día hacía sol y otro nevaba. El frío impedía que la nieve se fundiera, todavía permanecía una porción de la caída el primer día. Se veían en algunas plazas montones de nieve sucia.
El día veintitrés cayó una buena nevada, los siguientes días continuó el frío, que no permitía que la nieve se fundiera. Pensábamos que ya no tendríamos problemas para marchar, pero el veintisiete, a las siete de la tarde, empezó a nevar con ganas y parecía que no pararía en toda la noche. El espesor alcanzadado ya era considerable a las doce y media, pero entonces dejó de caer y nos retiramos a dormir pensando que no estaba en nuestra mano cambiar el tiempo. Por suerte no nevó más y llovió lo suficiente como para deshacer esa última nevada. No tuvimos problemas para ir a coger el tren.
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Blog de Curiosa
Josefa Santos García
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