Una de las constancias documentadas del secuestro de los príncipes moros lo cuenta Martínez de la Rosa en su Hernán Pérez del Pulgar, relatando la causa porque al rey de Granada y a sus tierras daba favor y ayuda el rey y la reyna. Este hecho se desarrolla, según los mismos documentos, en abril del año 1483 y dice textualmente Martínez de la Rosa: En este sumario conviene dar razón la causa porque el rey y la reyna favorecían a Muley Baudelí rey de Granada, que por otro nombre llamaban el rey Chiquito, y dieron seguro a la ciudad de Granada y a las otras ciudades y villas de su reyno que estaban por él, y la estada de sus dos hijos en rehén en poder de Martín de Alarcón en la villa de Porcuna.

El secuestro de los Infantes es relatado también por el Conde de Benalúa. Afirma, según la Minuta de peticiones hecha a los monarcas castellanos por el Alcaide Bexir (representante del rey moro), lo siguiente: Item Suplica a Sus Altezas que, despachado lo de Granada, mande enviar a los Infantes para que estén con él en Andarax o que los mande pasar allende. Traslado de lo que pide el Alcaide Bexir en nombre del Señor Rey Muley Audili, fijo del Rey Sidizad (sic). - V Salvá y Sainz de Baranda, col. de doc.. inéd para la Historia de España, tomo VIII. Pág. 437. Hay un decreto al margen que dice: Que se pongan en libertad.
Por tanto y ateniéndonos a estos documentos, podemos deducir que Morayma estuvo sin sus hijos nueve largos años.
El tesoro de Morayma
Morayma debió ser una mujer relativamente rodeada de comodidades, tanto para su vida diaria como para su defensa. Boabdil la tuvo que colmar de joyas y vestidos preciosos a tenor de lo descrito en Almaccari (Analectes, tomo 11, 2ª parte, página 798) al relatar las pertenencias con las que la familia real partió desde Granada para Laujar de Andarax.
El tesoro de la casa o palacio Nazarita era copioso en toda suerte de preciosos rubíes, perlas de gran tamaño, zomordas singularísimas, turquesas de gran valor, toda suerte de adargas preservativas, equipos militares defensivos, instrumentos primorosos, utensilios peregrinos, collares de perlas en pedazos, sartales de aljófares para los cabellos, arracadas que aventajaban a las alcordes o pendientes de María (la Copta, concubina de Mahoma) en claridad, brillantez y hermosura, corazas holgadas de vestir, adornadas de oro, casco con orlas doradas, incrustadas de perlas intercaladas de esmeraldas con rubíes en el centro; cinturones plateados, anchos de formas y esmaltados en su superficie; adargas de ante, sólidas, sin poros, dulces al tacto y renombradas por su impermeabilidad; almimbares de abalorio; atailores de Damasco, cuentas de cristal, zafas de la China, copas grandes del Irac, vasos de Tabaxis y otras
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