Morayma, nacida en Loja, era hija de Aliatar, aliado y socio de Boabdil en las diferentes luchas que se sucedieron en los turbulentos primeros años de la última década del siglo XV.
El Rey Chiquito luchaba por igual contra su padre (Muley Hacen), contra su tío (El Zagal) y también contra los cristianos. Con los Reyes Católicos, de vez en cuando pactaba o se humillaba, según los acontecimientos lo necesitaran.
Boabdil estaba siempre alentado en sus correrías por su madre, Aixa, mujer abandonada por Muley Hacen que prefirió el amor de una cristiana llamada Zoraida o Isabel de Solís, según quien hable de ella. A su amante, el suegro de Morayma llegó a construirle un palacio a los pies mismos de la Alhambra, en pleno Albaicín y al que todavía hoy se le conoce como el Palacio de Dalahorra.
Así era la vida de la esposa del Rey Chico, entre las ausencias de su marido en las batallas y la permanente presencia de su suegra, mujer despechada y resentida, que incitaba permanentemente a su hijo contra su padre.

El paisaje de la Alhambra recuerda romances, amores y odios de un intenso periodo histórico. Foto guiarte-Jesus Pozo. Copyright
Poco podemos conocer de esta mujer, la última reina mora de Granada que siempre vivió y murió a la sombra del Rey y que, además, tuvo que vivir varios años sin la presencia de sus dos hijos, secuestrados por los Reyes Católicos y mantenidos como rehenes hasta que Boabdil firmó las capitulaciones definitivas.
La referencia más exacta sobre la personalidad de Morayma la escribió el Conde de Benalúa y Duque de San Pedro de Galatino, empresario emprendedor y político de reconocido prestigio durante los primeros años de este siglo, a lo largo de su libro titulado
Boabdil.
Describe varias situaciones que nos presentan a una mujer siempre abandonada por las continuas batallas de su esposo y cuyo único momento de verdadera felicidad fue cuando conoció y casó con Muley Abu-Abdalla-Babdali:
Allí (en Loja) conoció Boabdil a Morayma, la hija de Aliatar. Cuando volvía de la batalla, que a diario ocurría, sus ojos se encontraban y sus almas se juntaron para siempre.
Al volver el Rey a Granada triunfante y lleno de vida, eligió a Morayma por Sultana, verificándose las bodas reales con pompa y alegría, único momento en su existencia de respiro y felicidad.
El amor que Boabdil sintió por su esposa debió ser tan profundo que tomó la decisión definitiva de abandonar su refugio almeriense de Laujar cuando ella murió. También se sabe que, tras sepultarla en Mondújar, nunca más volvió a contraer matrimonio instalado ya en Marruecos, aunque sí volvió a batallar en estas tierras.
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