Su aparente poderío ha sido su ruina. Ubicada sobre un cerro que domina el Rin, Breisach ha sido lugar de lucha desde los tiempos prehistóricos hasta hace apenas unas décadas.

Sobre el roquedo se alza la airosa catedral románico-gótica. Copyright foto guiarte
Por ello quedan en Breisach pocos recuerdos de su denso pasado. Aún así, la mole catedralicia que corona el cerro, de estructura gótica y románica, atestigua la solera de esta pequeña villa alemana.
Desde la atalaya donde se halla el templo se domina toda la ciudad, con casas bellas, en su gran mayoría de reciente construcción, pero con un gusto ponderado que encaja con el paisaje verdeante.
Al oeste del roquedo de Breisach pasa el Rin, caudaloso. En los momentos más cálidos, el río es la gran atracción. Embarcaciones de recreo comparten las aguas con cisnes y bañistas. Si el viajero alza la vista verá a ambos lados de la llanura del Rin sendas cadenas montañosas: Los Vosgos, franceses, y la alemana Selva Negra.
La ciudad está en un lugar de paso, entre dos magníficas urbes de notable valor artístico
Friburgo, en Alemania, y
Colmar, en el lado francés. Con tales competidoras, Breisach pasa casi desapercibida para quien transita por estos hermosos territorios. Pero es bueno detenerse unas horas; subir hasta lo alto del cerro donde se halla el gran templo y pasear a la orilla del río, sin prisas... no se gana nada por querer correr demasiado.
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