Diversos edificios dan fe de aquel esplendor gótico, que fue viniéndose abajo cuando la costa se fue alejando de la ciudad; bancos de arena y fango fueron cortando el acceso al mar y los canales no sirvieron para un tráfico que cada vez contaba con buques mayores. Decayó el comercio, en beneficio de Amberes, aunque Brujas siguió siendo un excelente centro artesanal para el tejido, el arte y singularmente la orfebrería.
De mediados del XVI a finales del XVII la ciudad estuvo bajo dominio español. A partir del XVIII pasó por diversas dominaciones en un proceso empobrecedor, hasta quedar como una reliquia, casi muerta, como la retrató Georges Rodembach en Brugges la Morte. Hoy es una ciudad que conserva el viejo encanto, y que ha sido reactivada mediante la cultura y el turismo.

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