Un sino en su historia ha sido la pertenencia a diferentes países de manera sucesiva desde el comienzo de su existencia, lo que ha motivado el cruce de culturas que caracteriza a la ciudad.
Aunque inicia su desarrollo en el medievo, fue antes la sede de los celtas belgas, que sufrieron en su territorio el poderío del imperio romano de Julio César (año 57 a.C.).
El nombre de la ciudad está ligado al idioma flamenco y resulta de la unión de los términos “brock” (pantano) y “sali” (edificio), lógico para un lugar construido en una zona pantanosa a orillas del Senne
Larga fue su historia hasta llegar en el XX a albergar los edificios administrativos más representativos de la Unión Europea

Aprovechando la guerra de independencia contra España, los territorios del norte, se separan y forman la actual Holanda, antaño Países del Norte, en 1600.
España permanecerá en el territorio belga hasta 1714 cuando le toca el turno de dominación a Austria, que finaliza su ocupación en 1792 ante el empuje napoleónico.
Esta posesión terminará con el derrocamiento de la dominación francesa. Los últimos ocupantes del lugar serán los también vecinos holandeses que tendrán que marcharse de forma definitiva en 1830.
La independencia de Bélgica se produce en 1831, por lo tanto, hace poco mas de 170 años, cuando se transformó en una monarquía liberal y parlamentaria, la primera, por cierto, del continente europeo.
Esta monarquía hereditaria la inicia Leopoldo I, a quien le sucede su hijo, Leopoldo II, quien se erigió en el principal valedor de la mayoría de monumentos destacados que se conservan en la actualidad y que mandó construir el actual Parque del Cincuentenario, para conmemorar precisamente los 50 años de independencia (1881).
El siglo XX
A pesar de su independencia, Bélgica no se libró tampoco de las consecuencias de las guerras mundiales que asolaron Europa en el siglo XX y fue ocupada por las tropas alemanas en ambas contiendas: desde 1914 hasta 1918 y desde 1939 hasta 1945, bajo los reinados de Alberto I y Leopoldo III.
En 1950 es Balduino I quien asciende al trono y poco después el país se convertirá en la capital de la Europa occidental (1958), al acoger los centros administrativos de la UE.
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