Se trata de una frondosa montaña que alberga un edificio singular, frondoso también si atendemos a sus formas, que comenzó siendo un humilde convento carmelita y ha terminado siendo uno de los hoteles más lujosos del mundo.
Los carmelitas se instalaron allí en el siglo XVII y en el XIX, tras la prohibición de las órdenes religiosas en Portugal, los frailes abandonaron el lugar donde, más tarde, se edificaría un pabellón de casa para la familia real.
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