
Si han encontrado una opción más económica en las proximidades, podrán tomarse un par de refrescos en la cafetería por cinco euros. Eso sí, se verán rodeados por una pequeña legión de turistas que disparan sus cámaras digitales hacia las escaleras, el salón de la chimenea, la recepción, el comedor, las galerías... o los grandes azulejos que decoran varias estancias.
La mejor excursión en coche, una vez terminada la visita del hotel, es la que lleva a la Cruz Alta. En diez minutos se llega a un mirador desde el que se contempla una gran extensión del interior de Portugal y se llega a ver el mar, situado a 40 kilómetros de distancia.
A la Cruz se puede llegar también a pie, aunque es más recomendable la bajada que la subida. Asimismo puede hacerse un circuito de poco más de una hora para ver la Fonte Fría, que brota en una gruta, y la alameda de los helechos, aunque lo importante no son ni los álamos ni los helechos, sino los pinos y las secuoyas gigantes.
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