Aunque hay constancia de restos romanos en la zona, el verdadero desarrollo urbano de Burgos comenzó en el medievo.

Las flechas de la catedral, de Juan de Colonia, presiden desde el medievo la vida burgalesa. Foto guiarte-Moreno Gallo
En la vera del Arlanzón surgió un poblado en el año 884, fundado por el conde Diego Porcelos. Ya en el año 920 se le consideraba con categoría de ciudad; en el 931 el conde Fernán González le concedió un escudo y la denominación de
Caput Castiellae, cabeza de Castilla.
A partir de 1.037 pasó a ser
residencia de la corona Castilla, manteniendo un acelerado crecimiento, hasta el siglo XIV, asentado en buena medida en su riqueza agraria y el comercio de la lana.
Las dificultades económicas registradas por España durante el siglo XVII afectaron notablemente a las áreas urbanas de la Submeseta Norte, muchas de las cuales tuvieron una evolución marcadamente decadente. Burgos tenía en 1575 20.000 habitantes; en 1594, 13.000; en 1611, 7.600, y en 1646, 3.000.
Al igual que muchas otras ciudades del interior, Toledo, León, Salamanca, etc., Burgos ha mantenido una vida languideciente, lejos del progreso de otras partes de España, perdiendo posiciones en el escalafón urbano del país. En el siglo XX ha crecido su entramado urbano sobre la base del despoblamiento de su territorio circundante, también cargado de historia, que ha perdido vigor demográfico y económico de manera alarmante.
Actividades comerciales y de turismo mantienen viva esta ciudad cabeza de Castilla, cuya preeminencia histórica tampoco ha quedado reconocida en el desarrollo autonómico.
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