
El Neolítico, que significa "piedra nueva", es algo más que una técnica de cultivo y pastoreo, y mucho más que el pulimento de las hachas o el uso de la cerámica. La mejora de la producción trajo los excedentes, la seguridad, el ocio, la estructura social compleja y un pensamiento abstracto que elabora religiones y creencias.
En ese contexto aparecen los enterramientos megalíticos: los muertos ya no se esconden, ni se abandonan, sino que se exhiben a través de los monumentos dolménicos: estructuras de grandes piedras formando cámaras a las que se accede normalmente por un corredor, también hecho con lajas.
El conjunto se cubría con tierra para dar consistencia y seguridad a la obra. El panteón familiar, o tribal, o religioso -que aún no se sabe cuál era el método de selección de los difuntos privilegiados- se convertía en un hito en el paisaje, en una referencia visual y afectiva que unía a los neolíticos a su tierra y a su historia.
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