Tribus del paleolítico ya dejaron la impronta de su poblamiento en el entorno, pero fueron los romanos quienes en hacia el 25 a.C. fundaron la colonia Norbense Cesarina que parece haber dado lugar a la población de Cáceres.

Torre de Bujaco. Foto guiarte
Quedan restos de las murallas romanas y poco más. Tampoco brilló mucho la urbe en tiempos visigóticos. Fue en el período árabe cuando parece haber renacido, constituyéndose en un importante enclave en periodo almohade.
En 1229, Alfonso IX de León conquistó la urbe. Ésta continuó progresando tras la dominación cristiana.

Castillo de Arguijuela de Abajo, en las cercanías de la ciudad. Foto guiarte
Grandes familias se asentaron en esta ciudad, donde surgió la Orden Militar de Santiago, y donde las luchas nobiliarias (incluso luchas internas de la Orden de Alcántara) originaron inestabilidades.
Los Reyes Católicos, en un gesto encaminado a domeñar noblezas díscolas, ordenaron desmochar numerosas torres de sus reinos, entre ellas todas las de la nobleza cacereña, excepto la de D. Diego de Cáceres Ovando.
La urbe se benefició de la conquista de América, cuando muchos extremeños participaron en la expansión hispana. Luego vendría silencio y decadencia; quedó convertida en un tranquilo centro de comercio comarcal. Tal vez fue esa dorada mediocridad lo que permitió que el cogollo de su viejo núcleo permaneciese casi incólume hasta nuestros días. Ese es hoy el gran patrimonio de Cáceres.
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