
Es por ese pacto cómo esta ciudad ha sorteado una agitada historia que ha conocido esplendores fenicios, romanos, musulmanes e hispanos; devociones hacia Astarté, Hércules, Alá o la Virgen del Rosario, cánticos de gloria tras las victorias y lágrimas tras las derrotas navales.
Rica en historia, la vieja Cádiz se atrinchera tras su Puerta de Tierra, y muestra al viajero un rostro bello, limpio, alegre, sencillo y popular; como las canciones de Carlos Cano, en las que se halla rumor de olas, latidos de amor y ecos de América.
“...Que tengo un amor en La Habana
y el otro en Andalucía,
no te he visto yo a tí, tierra mía,
más cerca que la mañana
que apareció en mi ventana
de La Habana colonial
tó Cádiz, la Catedral, La Viña y El
Mentidero ...”
Recorrer Cádiz es encontrar ecos de esa historia profunda, en un marco privilegiado. Porque en las calles de la vieja urbe, perviven los recuerdos de sus dominadores y se intuye la luz de las ciudades de América.
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