
En el siglo XVIII pasó a ser capital del comercio con las Indias, merced a la "Casa de Contratación", lo que generó un ambiente cosmopolita y comercial, favorable para el surgimiento de ideas innovadoras. Ciudad culta y abierta, fue la sede idónea para que, en una España que padecía la invasión napoleónica, diputados peninsulares y de ultramar se reunieran para redactar en 1812 la primera constitución política de la que se dotó al país.
Hoy, el mar sigue siendo su gloria y su sino. Los astilleros que le dieron impulso económico en el siglo XX están en crisis, pero la privilegiada situación, en medio de un territorio de acusado valor paisajístico y medioambiental, y los contenidos históricos y artísticos hacen de la urbe un punto sumamente atractivo para el turismo mundial.
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