En Asia Menor abundan las ruinas históricas y prehistóricas, el arte, el paisaje, las playas... pero lo mejor parece salir del interior de la tierra: Pamukale y las ciudades rupestres de Capadocia.
Pamukale es un alarde de la naturaleza que convierte la cal de las aguas termales en una sucesión de cascadas y piscinas naturales de color blanco. Al recorrer el lugar cabe imaginarse lo que pensarían los primeros hombres que descubrieron aquel resultado de las entrañas de la tierra: aquélla era una manifestación telúrica que proporcionaba belleza, salud y fertilidad.

Pamukale, con sus pozas de blanca cal. Foto Miguel Moreno gallo. guiarte Copyright
Desgraciadamente las cascadas de Pamukale se encuentran hoy muy deterioradas por las mismas razones de entonces: los turistas abarrotan el lugar para contemplar la belleza del sitio, las terapias termales de los hoteles desvían el caudal, y el agua se utiliza con profusión en los regadíos de la zona.

Pasabag. Capadocia. aturquia.com-guiarte.Copyright. guiarte Copyright
El otro encuentro con el vientre de la tierra se produce en las ciudades de Capadocia: en el árido páramo se sumergen pueblos trogloditas que durante generaciones han excavado una compleja red de túneles.
Hay redes subterráneas como hormigueros, como Derinkuyu, con diez sótanos, sin ninguna manifestación hacia el interior, refugio de grupos humanos que querían preservar su religión, su riqueza o, simplemente, su vida.
Más vistosas son las casas rupestres que utilizan las laderas de barrancos y escorrentías como frontispicio de viviendas, iglesias, industrias y graneros. Göreme y otros pueblos llenos de turistas por el día, silenciosos e iluminados por la noche, valles de hadas y leyendas en donde los cerros testigo semejan gigantes, personas, fantasmas y dioses.
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