
La verdad es más emocionante que la historieta de Obelix: los menhires, que suelen acompañar a los dólmenes y a otras construcciones megalíticas, son testimonios mudos de ritos y marcas de la prehistoria.
Pueden aparecer en diversas partes del mundo, preferentemente en la fachada atlántica europea, pero si uno quiere ver cientos y cientos de ejemplares, todos juntos, tendrá que viajar hasta Carnac, en Bretaña, tal vez cerca de donde imaginaron los creadores del galo que se cayó de pequeño en una marmita de antídoto.
Cuentaviajes de Un dolmen para Obelix |
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