
Con tales antecedentes, no es extraño que, una y otra vez, el faisán aparezca en la pintura, en las tumbas de Egipto, en los bodegones del barroco europeo o en pinturas de caza de cualquier época.
Los mandatarios de la antigüedad ordenaron tradicionalmente a los artistas de su corte representar animales como los faisanes, las ocas, los ciervos o los leones, para decorar sus residencias palaciegas. Eso de tener a los animales presentes, a través del arte, viene de lejos
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