Escenas de caza mayor, gatos atrapando avecillas, las aves del corral o las palomas, son asuntos que aparecen frecuentemente al lado de representaciones mitológicas, en composiciones llenas de realismo y bello colorido.

Miles de kilómetros hacia el oeste, los chinos amaron las pinturas de animales, especialmente pájaros, que se representaban sobre seda y papel, en composiciones en las que se aprecia la destreza de los trazos vigorosos del pincel. La fantasía artística expandió esta destreza hacia el dibujo de animales híbridos, en una búsqueda que nos recuerda la de los iranios.
Era tal la habilidad, que cuenta la leyenda que en el siglo VI Tchang-Seng-yu pintó un dragón con ojos tan vivos que le abrasaron. En torno al siglo XII uno de los emperadores ilustrados del gran país mandó catalogar su pinacoteca de palacio: 6192 cuadros, de 231 autores.
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