Veníamos varios amigos/as procedentes de Cataluña, sin prisas. Iniciamos la ruta en bici desde Logroño hacia Santiago, convencidos de que si no íbamos en una tirada hasta allá lo haríamos en dos.

Fue una sorpresa. Acababan de abrir el establecimiento (cierra en los meses fríos) y estaba solitario, en medio de un edén. A un lado, el río, donde el agua corría lentamente. El cauce estaba cubierto de vegetación. Era una inmensa alfombra natural.

El camping, solitario, sencillo y confortable, está en el bosque de ribera, en el que canta un sinfín de aves. Un paraíso para el ornitólogo.

Es increíble eso de despertar en la mañana en un lugar así, escuchando abubillas y ruiseñores.. el frescor... Inolvidable.
Y más inolvidable aún después de la cena que nos habíamos pegado en uno de los bares del lugar, en un ambiente campesino lleno de sabor, y con precios más que aceptables.
Cuentaviajes de Una Arcadia a la orilla del Camino |
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