Dalí regaló a Gala un castillo, el de Púbol; una construcción medieval organizada en torno a un patio muy alto y estrecho y con un jardín anexo de
vagas influencias francesas, edificio documentado desde finales del siglo XI.

Patio del castillo de Púbol, cerca de Girona. Fotografía de Fundación Dalí. guiarte. Copyright
En agosto de 1996 se abrió al público la casa-museo Castillo Gala Dalí de
Púbol, una pequeña localidad de la comarca del Bajo Ampurdán, a 40 kms. de
Figueres. Es el castillo que el pintor regaló a su musa.
La Fundación Gala-Salvador Dalí gestiona el funcionamiento de la casa-museo,
que fue restaurada por la Dirección General del Patrimonio del Estado del
Ministerio de Economía y Hacienda, propietaria del edificio.
El desván del castillo -que durante un período sirvió de almacén para los
centenares de obras que Dalí había dejado depositadas en Nueva York y París-
acoge una exposición permanente de vestuario de Gala,
Las Galas de
Gala, que incluye desde vestidos de Christian Dior y Pierre Cardin hasta
ropa diseñada por Salvador Dalí.
El resto del castillo-excepto una parte de la planta baja, que se ha
habilitado para las funciones de recepción y tienda de la casa-museo-se ha
dejado tal y como se encontraba durante los años en que allí vivieron Gala y
Salvador Dalí, restaurando las estructuras, los muebles y los objetos para
recuperar el esplendor perdido durante los años que estuvo cerrado.
El castillo de Púbol es una construcción medieval contigua a la iglesia,
organizada en torno a un patio muy alto y estrecho y con un jardín anexo de
vagas influencias francesas. Documentado desde finales del siglo XI, la
estructura básica actual debemos situarla durante el período de máximo
esplendor de la baronía de Púbol: la segunda mitad del siglo XIV y
principios del XV.
Salvador Dalí, por los años treinta, prometió regalar un palacio a Gala.
En 1968, mientras se aceleraban las obras de construcción del Teatro-Museo
de Figueres, Dalí encargó a sus colaboradores la búsqueda de un castillo, no
muy alejado de su residencia en Port Lligat.
Cuando le mostraron Púbol,
cerca de la ciudad de Girona y del Santuari dels Àngels, donde Gala y Dalí
se habían casado en 1958, no dudó ni un momento. Este obsequio sería el
refugio de Gala, donde Dalí, como él mismo afirmaba, sólo podría acceder
bajo rigurosa invitación.
El castillo estaba en grave estado de abandono, con algunos forjados y
tejados caídos. Una gran fisura lo abría en dos partes que tendían a
separarse. La vegetación lo dominaba todo, creando un ambiente sombrío y
salvaje. La restauración duró un año y mantuvo la imagen romántica del
castillo en ruinas. Se utilizaron de manera muy inteligente los espacios
resultantes de los derrumbamientos de techos y forjados, creando salas de
gran altura que contrastan con espacios más cerrados, consolidando la ruina
y solventando los problemas estructurales sin esconder las heridas del
tiempo.
Incluso antes de formalizar la compra, empezaron las obras de restauración
dirigidas por el maestro de obras y amigo de los Dalí, Emili Puignau. Se
reforzaron las estructuras, procurando dejar una gran grieta que había en
una de las fachadas, porque Dalí quería que fuera visible aquella señal,
según explicaba,
de un posible cataclismo del pasado.
Se diseñó el
jardín y se decoró con unas esculturas de elefantes de largas patas con un
cuervo sobre la grupa. También se construyó una piscina decorada con bustos
de Richard Wagner, realizadas en cerámica de varios colores. En diferentes
partes del castillo y del jardín, Dalí hizo o encargó decoraciones
pictóricas con efectos de
trompe l´oeil.
Sobre esta ruina Dalí y Gala actuaron con nuevos recursos: valoración de la
exuberancia de lo vegetal, representaciones pictóricas sobre paredes y
techos, exaltación de cierto barroquismo textil en cortinas, sofás, camas...
Hay una referencia algo obsesiva a una simbología precisa: réplicas de
signos y animales del escudo de piedra del propio castillo, Richard Wagner,
falsas ruinas, esculturas de escayola, elefantes y otros animales disecados
o petrificados. Se trataba de crear un lugar secreto, cerrado, misterioso,
privado, con espacios de gran belleza, como la antigua cocina convertida en
tocador o el Salón del Piano.
Salvador Dalí se implicó en la decoración, tanto del jardín como de algunas
estancias del castillo, como lo demuestran los dibujos preparatorios que se
han conservado. Diseñó dos chimeneas, hizo colocar la G de Gala sobre
puertas para marcar la propiedad del recinto y pintó personalmente algunas
obras para el castillo: un gran óleo titulado El camino de Púbol (1971-73),
el panel del techo del Salón de los Escudos, una puerta falsa y dos falsos
radiadores, una figura de Gala sobre metal y otras pequeñas pinturas se
distribuyen por toda la casa.
La tela que decora el techo del Salón de los Escudos la hizo al mismo tiempo
que el panel del Palau del Vent del Teatro-Museo de Figueres, y la parte
central repite prácticamente la misma temática.
Me he contentado en
decorar los techos para que cuando Gala levante los ojos, me vea siempre en
su cielo, explicaba Dalí.
Alrededor de la tela central pintó unas
almenas que rodean esta obra de 12 x 8 metros.
En una esquina del Salón de los Escudos se encuentra un majestuoso sillón,
con un paisaje pintado al óleo en el respaldo. Está situado encima de un
pequeño pedestal y tenía que ser el
trono para Gala.
Gala murió en Port Lligat el 10 de junio de 1982, a los 88 años. Su último
viaje, con el Cadillac que hoy continua en el garaje del castillo, fue
camino de Púbol para ser enterrada en la sala conocida como el
delma,
la sala del diezmo.
Después de fallecer Gala, Dalí no la quiso dejar nunca
sola en la cripta y se instaló en el castillo, donde mantuvo casi el mismo
contrato de soledad y retiro que ella antes había practicado.
Fue durante
este período en Púbol cuando el pintor realizó sus últimas obras.
Dalí vivió en el castillo entre junio de 1982 y agosto de 1984, cuando debió
ser hospitalizado a causa de las quemaduras que le produjo un incendio
fortuito que se declaró en su habitación. Al salir del hospital se trasladó
a vivir a Torre Galatea de Figueres, su residencia hasta que murió en 1989.
En este lugar transcurrió la vida cotidiana, primero de Gala y después de
Dalí, durante largos períodos de tiempo. Esta faceta hasta ahora poco
conocida de la poliédrica personalidad de Dalí y de Gala es la que quiere
mostrarse al público con la adaptación del castillo a casa-museo.
Por este
motivo se ha buscado el equilibrio entre una forma de ver la casa como una
intromisión en la intimidad, que puede parecer poco respetuosa con quienes
vivieron allí, y una forma de presentarla desde un punto de vista más
distante, como si se tratara de un diorama que permite observar sólo los
aspectos especiales y decorativos.
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