Arte, cultura e historia se funden en esta preciosa ciudad, pequeña y accesible para el viajero, que va a disfrutar de grandes sensaciones al pasear por las calles del antiguo barrio de Stari Grad, que hoy en día representa el casco viejo de Dubrovnik. Sus pavimentos de mármol y sus callejuelas llenas de sabor en cada esquina, le depararán una nueva imagen que a buen seguro no le dejará indiferente.
Sus empinadas calles con escaleras interminables, las murallas que rodean el casco antiguo, sus palacios, iglesias, fuentes y museos hacen que el andar por esas cuestas, aunque sea cansado, merezca sobradamente la pena, haciendo paradas para disfrutar de las distintas vistas.
Es una fuente inagotable de vestigios históricos, de estampas de gran belleza que se sienten constantemente al recorrer las calles empedradas con sus pequeños y múltiples recovecos que nos encaminan a majestuosas iglesias, puertas monumentales, monasterios o palacios que consiguen deleitar nuestra vista y provocan que nuestra imaginación vuele hacia tiempos remotos...
... Y encima, sin cruzarse con vehículos a motor, lo que acentúa más si cabe la cordial armonía del viajero.
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