La ciudad vieja está casi totalmente restaurada tras seguir un plan de restauración que se coordinó desde la UNESCO, ya que Dubrovnik es una ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Es una delicia poder caminar por sus calles, con sus pavimentos de mármol, que aunque se suele encontrar con bastantes turistas, se puede pasear sin demasiados agobios mientras nos tomamos un rico helado.
Los edificios son en su mayoría de piedra, y todo el casco viejo está rodeado de una impresionante muralla que protegía la ciudad, y que tiene 2 kilómetros de perímetro y 16 torres de vigilancia. No se puede dejar de realizar el paseo que hay por la parte alta de la muralla donde las múltiples vistas son grandiosas.
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