Felipe II se retiró a este lugar y gobernó su inmenso reino que se extendía por todos los mares desde este sencillo palacio, que recuerda la arquitectura de las casonas castellanas de la época.
Las salas del palacio de Felipe II, en el entorno del ábside de la basílica, son sencillas. Los dormitorios de Isabel Clara Eugenia y del Monarca reflejan una relativa humildad. Espacios pequeños (que contrastan con los que tienen las salas de los Borbones) austeridad y sentido cristiano(desde el lecho del rey se veía el altar mayor, y esto le permitía seguir la misa cuando estaba enfermo)

Desde las estancias del Palacio Real se divisan jardines, praderías y montañas, al lado del gran edificio herreriano. guiarte.com
Sorprende la magnífica madera de las puertas, obra de un destacado artesano ausburgues, y la presencia de numerosos objetos religiosos: crucifijos, una virgen de Carracci, un magnífico marfil francés, del gótico final, con escenas de la vida de Cristo, etc.
Los salones de los Borbones, en la zona nordeste, son de otra concepción espacial, con mayor lujo; techos pompeyanos y excelente colección de tapices de la Real Fábrica de Madrid y flamencos.
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