Desde allí, Moisés contempló la Tierra Prometida- el guía comentó: “Ese es el llamado altar de Eteria”, señalando a un sencillo altar de piedra, ubicado en la parte derecha del actual templo franciscano.

La monja acudió a Tierra Santa, debió de visitar Jerusalén y Belén (faltan estas páginas de su texto). Posteriormente cruzó a tierras de la actual Jordania, donde visitó el monte Nebo y subió hacia Samaria. Para continuar por Mesopotamia de regreso a Constantinopla.
Su relato es interesante y revela bellos datos. Eteria, por ejemplo, conoció Edesa, cabeza del primer reino que abrazó el cristianismo de manera oficial, donde vió las carpas sagradas de los viveros, indicio de la pervivencia del culto a Astarté o Venus.
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