
Estamos en Jordania, un país de color marrón, el color del desierto, salpicado aquí y allá por lugares cargados de historia, en los que el viajero se encuentra con multitud de elementos que le recuerdan momentos claves de la civilización y cultura occidental.
Desde los días de la “intifada”, el turismo ha descendido notablemente, y la soledad rodea muchos de estos lugares con profundas connotaciones históricas. Pero el país es relativamente seguro, y constituye una alternativa para aquellos que no se atreven a viajar al conflictivo Israel.
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