Pasear por la ciudad italiana de Florencia es entrar de lleno en el mundo de la cultura.
No en vano desempeñó un papel capital en el renacimiento. Monumentos y plazas son testigos eternos de tal grandeza cultural.
Si elegimos el mundo de
la pintura, en Florencia brilló en el siglo XIII Cimabue, aunque aún afectado por la rigidez de la pintura bizantina. Giotto (1266-1337) se liberó de las ataduras orientales y produjo una prodigiosa obra cargada de expresividad, incorporando perspectivas y volúmenes. Fue un revolucionario, que no igualaron sus sucesores, también meritorios: Tadeo Gaddi, Bernardo Daddi y Maso di Banco.
Luego vinieron tiempos duros, con una época de pestes en el medio del XVI, pestes que paralizaron la vida cultural y económica de la región(En la cercana Siena se abandonó entonces el grandioso proyecto de catedral), aunque siguió existiendo una buena pléyade de artistas que dejaron obras, entre otros puntos, en la magnifica iglesia de Santa María Novella.

La cultura mundial tiene una inmensa deuda con Florencia. Cuadro de la Sagrada Familia, de Rafael, en la Gallería degli Uffizi.
El XV es la época de Ucello (del que se tiene una extraña y prodigiosa batalla en la Gallería degli Uffizi), Andrea del Castagno, Doménico Veneciano y el dulce Fra Angélico. Algo posteriores son otros grandes, como los Pollaiolo y Ghirlandaio, magnífico artista que dejó en Santa María Novella una prodigiosa semblanza mitad pagana mitad religiosa.
Detrás vendría una pléyade increíble: Boticelli, Leonardo, Miguel Angel, Rafael...
Si elegimos
la arquitectura, la sorpresa no es menor. Los artistas que hicieron San Miniato y el baptisterio son de lo mejor del románico; luego vendría Arnolfo di Cambio y Giotto, en la catedral, Orcagna, en el Orsanmichele... para llegar a Brunelleschi, con la magnífica cúpula de la catedral, aunque tampoco es justo olvidar a otros como León Battista Alberti.
Y si entramos en
la escultura... Ahí nos hallaremos con Andrea Pisano, Ghiberti (conocido por las dos puertas del Baptisterio) Donatello, Verrocchio, Juan de Bolonia, Cellini... Y Miguel Angel.
Pero también brilló
la literatura, con luminarias como Dante, ensayistas como Maquiavelo; los mismos Alberti, Miguel Angel o Leonardo da Vinci practuicaban el ensayo y la poesía...
Las huella de todos ellos está en las calles de Florencia, en las iglesias, en los palacios. Las estatuas nos recuerdan a los escultores, en los altares se contemplan Cristos de Giotto o Cimabue, al lado de prodigiosos frescos. El espíritu de Dante flota en el entorno, y las bellas muchachas recuerdan a veces las hermosas caras pintadas por Boticelli o Ghirlandaio.
Y el viajero se empapa de belleza. Porque el renacimiento está impregnado de perfección y armonía. Marsilio Ficino, uno de los humanistas del XV, florentino también, escribió:
..la belleza es una gracia vivaz y espiritual que brilla por el rayo de Dios. Gracia infusa primero en los ángeles, y de ellos en el alma de los hombres, en la forma de los cuerpos y de los sonidos. Esta gracia, por medio de la razón, de la vista, del oído, mueve y deleita nuestras almas. Y deleitándolas, las embelesa, y embelesándolas las inflama de amor ardiente.
Florencia, belleza, razón, amor...
El hombre, semilla de todas las posibilidades, buscó en Florencia caminos de perfección. Rotas las cadenas intelectuales del medievo, empleó razón y trabajo para acercarse a la suma armonía.
Otro Humanista, Pico de de la Mirándola, exclamó:
¡Que embargue nuestra alma una santa ambición de no contentarnos con lo mediocre!. El hombre -según el pensador, fue puesto en el mundo y dotado de capacidades para forjar su futuro. El mejor artesano le dijo
tu mismo te has de forjar la forma que prefieras para tí, pues eres el árbitro de tu honor, tu modelador y diseñador. Con tu decisión puedes rebajarte hasta igualarte con los brutos, y puedes levantarte hasta las cosas divinas
Boticelli, Leonardo, Dante... hay muchos personajes eternos de Florencia que se acercaron hasta lo divino. Nuestra suerte es poder contemplarlo.
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