El suelo es -simplemente- una sucesión de lajas de pizarra asentadas sobre la madera; las divisiones internas están hechas con una técnica primitiva: una cañiza de varas, revocada con barro rojo.
En lo que fue la cocina aún queda un pote colgado de la vigas, en el que se hacía la comida, sobre un fuego que ardía en medio de la estancia. Y ante la ventana, reina una especie de lavabo, tallado toscamente en pizarra, con una abertura por la que salía hacia la calle el agua de la limpieza.
Ramiro vivió allí. Recuerda que cuando nació su hermana tuvo que dejar de dormir en la cama de sus padres para acostarse en el duro suelo... hasta que se marchó a Bélgica, de donde regresó cargado de amor a la tierra, en la que ahora mantiene un centro de vivienda rural magníficamente construido.
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