
A raíz de la ruina económica de la familia, el tío de Astorga le pide que deje el violín, “algo con poco porvenir”, y se ofrece a pagarle la carrera de Derecho. Se niega. No obstante, en la casa de los tíos de Astorga, “la casa Granell” –quizá el edificio modernista más emblemático de la ciudad– pasaría numerosos veranos.
En Madrid, y durante la República, se implica activamente en los círculos intelectuales y políticos. Lee “Mi vida” de Trotski, que le causa cierto arrebato. Esta obra desde el orden ideológico y un ejemplar que cae en sus manos de la revista francesa “Minotaure”, desde el estético, quizá fueron los desencadenantes o motores de su vida; es decir, el surrealismo y el trotskismo se convirtieron en los “-ismos” granellianos.
Como trotskista ingresa en el POUM. Conoce a Andreu Nin. Ve cómo lo detienen los estalinistas. Los sucesos de Barcelona contra el POUM le causan tal impacto que el resto de su vida, si de Eugenio se pudiera decir que fue “anti”algo, fue antiestalinista y antifascista. “¡Son la misma cosa!”– repetía cada vez que se hablaba del tema–. El compromiso político le lleva a la cárcel durante varios meses.
El recuerdo al POUM y Nin hacen que colabore con la fundación homónima participando en actos culturales o donando obra pintada “ex profeso”.
Escribe y dirige la revista “El combatiente rojo”, órgano de expresión del POUM. De igual modo colabora en “Hora de España” y en la publicación seriada PAN, cuyo subtítulo era “Boletín de poetas, artistas y navegantes”, junto con los hermanos Rafael y Eduardo Dieste.
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