La vivienda es amplia y cómoda en la que como siempre interviene la eficaz mano de Amparo en la distribución y ordenación del espacio.

Hay que advertir que Amparo realizaba piezas surrealistas, collages, de los que dio muestra en una exposición en Santiago de Compostela. No obstante, los Granell estaban incómodos por la presencia de un centro del Opus en la parte baja del edificio. “Todas las mañanas bajo a desinfectar el portal”, decía con gracejo.
No obstante, “durante muchos años el día 31 de diciembre celebrabamos el cambio de año afirmando: el próximo, las uvas en la Puerta del Sol”.
En Madrid pronto le llega el reconocimiento de la mano de su amigo el periodista César Antonio Molina, quien le organizó una exposición en su tierra que supuso la presentación artística y sorprendente para sectores desconocedores de su obra en España.
Posteriormente su otro gran amigo, Javier Ruiz Sierra, es el comisario de una exposición antológica en el Centro Cultural Mapfre de Madrid, que supuso un impacto aún mayor. Es el año 1989. Los medios dan cuenta de la cualidad de la obra granelliana y las editoriales reeditan algunos de sus libros agotados o inéditos en España. Las galerías solicitan su obra reiteradamente y la demanda de los coleccionistas es alta.
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