
“Soy surrealista porque no encuentro algo mejor (...) Pienso que primero se es surrealista y luego lo que sea (...). El surrealismo es un estado espiritual calificado por un radical inconformismo y un ansia de libertad ilimitada”, afirmaba.
Surrealismo que se manifiesta hasta en los títulos de sus obras. Veamos algunos: “Arnoldo de Vilanova funde el agua y el fuego de Sicilia”, “El veterinario espanta el moscón que molesta al caballo”, “Un pollo se pasea a lo largo y ancho de una petaca”, “El secreto del río Sil”, etc.
La señalada ansia de libertad hace que en las fechas próximas al final de la etapa del PSOE en el poder, Eugenio, hombre trostkista y socialista, nos llamara a los amigos dando muestras de inquietud y de desconfianza a la llegada del partido conservador. “Te digo que Amparo y yo nos vamos para Lisboa (...). Viene la Inquisición nuevamente. No soporto la dictadura. Ninguna”.
Eugenio, alma libre y demócrata, a quien sólo venció el tabaco, no podía dejar de recordar que Franco, Hitler, Torrijos y los estalinistas, una y otra vez, lo habían perseguido. Los amigos cumplíamos el papel tranquilizador frente a tanta desconfianza.
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