Guimaraes, con su aire tranquilo, parecería destinada a ser un lugar mediocre, a caballo de todo y en cabeza de nada. Pero la realidad es otra. Precisamente por su ubicación geográfica, y por su circunstancia histórica, la ciudad acumula arte y belleza en un entorno privilegiado, de campiña amable, todavía atemperada por el mar, pero con el olor fresco de la montaña.
A la ciudad se llega bien desde Braga (su capital de distrito), y con un poco más de esfuerzo desde Porto. Son las dos ciudades más próximas. Una vez en ella, conviene buscar un aparcamiento cerca del casco histórico, pero respetando el aire peatonal de las calles empedradas.

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