Lo que más sorprende, sin embargo, es el recorrido por el patio, asentado sobre un roquedo que aflora en lugar del pavimento, y que proporciona una sensación de fortaleza por antonomasia.
Al pie del castillo se yergue la iglesia de San Miguel (del Castillo, claro), románica del siglo XII que habla del tamaño reducido de la población en aquellos momentos de la Edad Media. Tiene la pila bautismal en la que recibió las aguas Alfonso Enriquez, quien cimentaría el reino portugués.

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