
Esta vocación ha ido creciendo en el tiempo y actualmente la universidad de Heidelberg tiene reconocido prestigio, con importantes centros científicos.
El lugar fue centro político del Palatinado, territorio que debe su nombre, precisamente, al oficio palatino de los príncipes de esta parte del imperio.
También tuvo importancia el lugar en época de los conflictos de religión. Martín Lutero fue apoyado aquí y desde aquí defendió sus tesis.
La ciudad padeció la guerra de los treinta años, y sufrió por las ambiciones francesas (la familia principesca había emparentado con los borbones) y la urbe fue devastada por tropas francesas e incendiada en 1689 y 1693.
En el siglo XVIII y XIX, Heidelberg fue un importante punto literario e intelectual, aunque el peso político había decaído. De hecho el Príncipe Elector pasó su residencia a Mannheim.
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